domingo, 23 de agosto de 2009

Columna: CLAROSCUROS

Por José Luis Ortega Vidal

(1)

Patricio Redondo Moreno llegó a Coatzacoalcos en 1940.
Venía de España, a bordo del barco Novara, nombre que lleva hoy un pueblo cercano a Tierra Blanca, en Veracruz.
En su viaje pródigo, Patricio debió tirar una pequeña imprenta en el mar para salvar la vida ante un huracán amenazante como la guerra civil que lo había sacado de su pueblo.
Desde Coatzacoalcos, Patricio viajó hacia el norte y decidió quedarse a vivir en San Andrés Tuxtla.
Allí, en la llamada suiza veracruzana, el pedagogo español introdujo la técnica de enseñanza creada por el francés Celestin Freinet.
Creó otra imprenta y empleó este recurso en apoyo a numerosas generaciones de educandos tuxtlecos.
La vida de San Andrés fue marcada para siempre.
Hoy se recuerda a Patricio en esa región –así como en varias partes del país- como un intelectual visionario y generoso.
Artistas, académicos, periodistas, políticos de Los Tuxtlas le deben mucho a Patricio Redondo Moreno.

(2)

En 1991 conocí a don José Arana Alvarado.
Era un tuxtleco típico: de piel morena, recia, de inteligencia clara y de actitud profunda hacia la vida.
Era un hombre extraño, instalado en uno de los valores de la vida: el del respeto.
En cierto sentido, siempre me recordó a Patricio Redondo.
Nunca supe si lo conoció o incluso si él, don José Arana Alvarado, fue educado con base en la técnica Freinet.
Sin embargo, don José me recordaba al pedagogo Patricio.
Patricio fue un educador brillante y don José Arana Alvarado fue un periodista brillante.
Patricio Redondo usaba una imprenta para enseñar, don José Arana Alvarado fue un impresor además de periodista notable.
Patricio Redondo impulsaba la cultura de la vida y don José respetaba profundamente la vida de los demás, luchaba por sus derechos y era un hombre sencillo, proveedor incluso de ese valor hoy amenazado.
En Acayucan, don José Arana Alvarado fue miembro de una generación de periodistas destacados.
En la misma época conocí a don Angel Leodegario Gutiérrez Castellanos, a don Carlos Guillén Tapia, a don Raymundo Martínez Domínguez, al profesor Alfredo Celis Del Angel, a Francisco Gregorio, hoy ausentes todos y presentes todos.
Todos ellos fundadores de periódicos y formadores de nuevos mensajes, algunos de ellos a través de plumas nuevas.
Recientemente me enteré de la ausencia de don José, de don Pepe para los amigos.
Es imposible describir el dolor de las ausencias.
Valga decir, empero, que describo acá ausencias que son presencias, que hablo de viejos cariños y admiraciones; de ejemplos perennes y de compañeros permanentes.
Un abrazo para todos, incluyendo a Patricio Redondo Moreno que habrá puesto su imprenta en el cielo y a nuestro querido José Arana Alvarado que la estará operando con sus respectivas notas deportivas del día y sus inconfundibles análisis políticos, siempre a la manera de un flash.

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