miércoles, 30 de enero de 2013

Columna; CLAROSCUROS

Con César Leal Angulo

muere el último panista

veracruzano… y el único 

Por José Luis Ortega Vidal

(1)
Entre las década de los 80s y 90s César Leal Angulo fue enviado a Veracruz en una suerte de expedición punitiva contra el PRI.
Antes de arribo del sinaloense en suelo jarocho existían panistas dispersos, casi solitarios; algunos en el puerto de Veracruz y otros en la región de Córdoba.
Apegados a su tradición histórica, los panistas veracruzanos eran miembros de una clase política y económica muy específica: empresarial, dueña de un importante capital y conservadora.
A los panistas no les había interesado -hasta ese momento- la lucha político/electoral; la movilización de masas; la construcción de una estructura partidista que compitiese con fuerza en la trinchera por la democracia.
Todos esos afanes -impulsados sin romper con el perfil clasista y conservador de su naturaleza- llegaron con Leal Angulo: uno de los últimos ideólogos del panismo mexicano y el único aventurero azul que se propuso la conquista de Veracruz.

(2)

Si Carlos Castillo Peraza tuvo en Felipe Calderón Hinojosa a su hijo putativo, César Leal Angulo no se quedó atrás y montó en Alejandro Vázquez Cuevas “El Pipo” al alter ego en quien confiaría su empresa.
A partir de la década de los 80s y bien entrados los 90s el PAN tuvo en Veracruz un desarrollo sin precedente.
La construcción de pies de playa electorales; la edificación de fortines idealistas; la creación de comités municipales con políticos que surgían de la sociedad civil o del sector privado o del ámbito de los servicios; el trabajo del honesto ingeniero -nacido en Baridaguato, Sinaloa- cuajó.
El panismo veracruzano vivió su gloria con el control de los corredores político/económico/electorales de Veracruz-Boca del Río y Córdoba-Orizaba.
Poco a poco llegaron diputaciones federales y locales, senadurías, triunfos municipales en lugares inhóspitos.
La gubernatura llegó a estar prácticamente en las manos del PAN y don César Leal Angulo demostró una y otra vez que no sólo era un académico notable y un ideólogo coherente, sino un excelente operador político de muy alto nivel.
La fundación del panismo veracruzano fue su obra y la cuidó hasta donde pudo.

(3)

Luego se marchó.
Su hijo putativo: “El Pipo”, resultó un pequeño “Franskenstein”.
Los ciudadanos honorables e idealistas que crearon el panismo veracruzano -muchas veces con su propio dinero- se transformaron en hombres codiciosos a partir de las posiciones exitosas.
A los panistas de Veracruz les ocurrió lo que a los conquistadores españoles del siglo XVI: la sola mención de la palabra ORO los enloqueció.
La fiebre del poder los enfermó para siempre.
Poco a poco lo fueron perdiendo todo: las alcaldías, las diputaciones, la gubernatura en la que no pudieron sentarse y al partido que César Leal Angulo les enseñó a construir.
Pero vendría lo peor: los panistas veracruzanos perdieron la honorabilidad.

(4)

En Veracruz el PAN, hoy, es un partido de ex priistas.
Aquí, muchos fundadores del PAN ya militan en el PRI.
Y el partido azul es controlado por ex militantes del partido tricolor.
En el próximo Congreso Local, es muy probable que Miguel Angel Yunes Linares –ex líder estatal del PRI- coordine la bancada del PAN.
Y que Gerardo Buganza Salmerón -el panista que acarició la gubernatura- sea un integrante más del grupo de legisladores priistas.

(5)

A los 82 años de edad, el sinaloense que fundó el panismo veracruzano ha muerto y se llevó consigo la playa azul que conquistó pero no pudo conservar.
La suya es una historia semejante a la de su colega: el filósofo yucateco Carlos Castillo Peraza.
Don Carlos –a pesar de su renuncia al PAN en 1998- también logró su objetivo: la Presidencia de la República en manos del PAN.
Y sin embargo, mientras a César Leal Angulo los hijos políticos se le transformaron en pinochos, a Castillo Peraza la Presidencia se le convirtió en ese monstruo contra el que luchó toda su vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario