NEGLIGENCIA MÉDICA…
Por Angel Gabriel FERNÁNDEZ
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El caso fue un escándalo regional: un anciano ingresó a una clínica en la calle Ocampo de Acayucan y tras ser intervenido quirúrgicamente siguió grave, listo para morirse. Lo habían “operado” del apéndice. Sus familiares lo llevaron a casa, pero como seguía muy mal, lo llevaron a otra clínica.
Al hombre, un anciano ya, lo volvieron a operar y resulta que le extirparon el apéndice. Cuando fueron a reclamar a la primera clínica por la falsa operación que por poco llevaba a la tumba al enfermo, cachetonamente les dijeron: “Es que tenía dos apéndices”.
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En Acayucan ha habido sonados casos de negligencia médica. Se escuchan en los medios de comunicación, porque en realidad, ese tipo de investigaciones las guardan muy bien las autoridades no se sabe si para proteger a los médicos, a las víctimas, a ambos o simplemente para echarle tierra a los asuntos y dejar al ciudadano como siempre: en la incertidumbre. Es sabido que no hay nada peor a la desinformación que la mala información.
El asunto se pone más grave cuando se sabe que la mayoría de las clínicas no cuentan con las licencias sanitarias correspondientes, ante lo cual la Jurisdicción Sanitaria se hace de la vista gorda.
El rumor que corre en Acayucan es de un conocido médico involucrado en un caso de negligencia, al que la Procuraduría estaría a punto de consignar ante un juzgado, lo cual representaría la cancelación de la licencia y obviamente enfrentar el proceso penal.
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La señora Josefina Ramírez, vecina de la colonia Cuauhtémoc, acudió a la clínica llamada ACA 2 ubicada en la colonia Linda Vista, exactamente detrás de las instalaciones del DIF de Acayucan. Fue porque le dolía la muela.
Un mes la estuvieron “atendiendo” (mejor dicho, entreteniendo) hasta que la muela se le infectó y la infección le llegó hasta los pechos. La mujer se estaba muriendo y fue a parar al Centro de Especialidades Médicas de la ciudad de Xalapa. La presunta responsable es una odontóloga.
Estuvo entre la vida y la muerta; sobrevivió a la infección pero quedó marcada para toda la vida: utiliza un respirador artificial.
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Una madrugada en el tramo Acayucan-Oluta hubo un accidente: el chofer de un auto compacto se estrelló en un autobús de turismo; el chofer herido era un mecánico del barrio Tamarindo de Acayucan. Varios reporteros vieron cuando el chofer del coche compacto era rescatado y --con vida y consciente—era trasladado al Hospital de Oluta. El caso dicen que no era muy grave: fractura de costillas y otras lesiones.
Pero horas más tarde, el chofer murió. Sus familiares alegaron negligencia de personal del hospital y se inició el pleito legal. Responsabilizaban a un traumatólogo, a una anestesista y a otros médicos. El caso fue manejado con mucha discreción, pero salió a la luz pública cuando uno de los médicos tuvo que pagar una indemnización por medio de una afianzadora. No se sabe si los demás involucrados resolvieron el problema.
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Más vale prevenir que remediar.
Aquí el problema es de las autoridades de salud, porque no hay una supervisión eficaz ni de los servicios que prestan las instituciones oficiales y mucho menos las particulares.
Las ciudades del sur de Veracruz están infestadas de médicos y de clínicas “patitos”. Ya se sabe que los patos son unos pobres animales que caminan, vuelan y nadan, pero ni corren como un conejo, ni vuelan como un águila ni nadan como un delfín: las tres cosas las hacen a medias. Así son esos “profesionistas”: todo lo hacen a medias.
Hay quiroprácticos sin certificación, hay supuestos iridólogos que nomás viendo el ojo del paciente le resuelve todos sus males; hay “naturistas” que hasta se anuncian en medios masivos de comunicación y que dicen que “curan todo”: desde la flojera, el cáncer y el sida. Para ellos no hay imposible. Hay chamanes que con unas “limpias” a sus clientes. Aunque normalmente esas limpias son de bolsillo.
No se ha visto que inspectores de salud chequen las clínicas locales, que entren a revisar las condiciones de los quirófanos. En muchas clínicas no se ven a la vista las licencias sanitarias, aunque claro está que el enfermo entra a las clínicas con la confianza de que todos son médicos acreditados…y pues la fe mueve montañas.
En Acayucan ya estuvieron los “hermanos Kaoma”, los “Balenyo’s”, los “Ali” y ahora llegaron unos que se dicen santeros cubanos. Todos vienen a decir “salud”, sin control de las autoridades sanitarias.
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Hay casos de negligencia médica pendientes. El más reciente dicen que es el de un médico de la calle Enríquez que anda tratando de arreglar sus broncas con los descendientes de Hipócrates y sus broncas con la justicia.
El horno no está para bollos: con esta crisis económica la gente no tiene derecho a enfermarse. Los médicos no tienen chamba para aventar para arriba…y menos la van a tener si no se ganan el prestigio y la confianza de los pacientes.
Si no hay justicia para los pacientes.
Si la justicia se pone de lado de los malos médicos.
No hay más opción que exhibirlos.
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