Por Sergio M. Trejo
González.
Profesora: María Elena Baruch Fonseca.
No hay nada más especial que obtener el fruto del esfuerzo
de años de trabajo constante. Es por eso que la jubilación significa la llegada
de una nueva etapa de la vida, un retiro necesario para el descanso y satisfacciones
diversas.
María Elena Baruch Fonseca, es el nombre de una profesora
que se ha dedicado sus últimos 42 años al servicio y entrega a la educación de
la niñez veracruzana. Así lo dice el cuadrote ese que el 3 de febrero le fuera
entregado en plaza cívica de la Escuela Primaria 18 de Octubre de 1863, en
Cosoleacaque, Veracruz.
Lo firmaron 16 maestras y maestros de tal institución
escolar y la señora Directora del plantel: Elena Gerónimo Olarte.
A las 9 de la mañana,
en punto, tuvo inicio el programa de separación y destierro… el nunca más. Ahí
estuvieron todos los alumnos y la sociedad de padres de familia de la escuela.
Le entregaron un diplomota de forma rectangular, grandotote, que contiene la
fotografía de la profesora María Elena Baruch Fonseca, con diseño o efectos de
pintura, apreciándose por detrás de las letras del testimonio el escudo de la
escuela. Además recibió un hermoso y
frondoso ramo de flores perfumadas y una cantidad enorme de carteles, cartas,
regalos y flores que cada uno los alumnos le entregó, en singular desfile de abrazos
y lágrimas a propósito de tal emancipación, franquicia, clausura.
Menester resulta referir que la jornada de la maestra María
Elena, ha sido ardua, larga y sinuosa: Todo comenzó hace bastantes años por
esta ciudad de acayucan, lugar de su nacimiento, quien realizó sus estudios de
primaria en las escuelas Miguel Alemán y en la escuela Hilario C. Salas;
estudio la Secundaria en la Nocturna Atenógenes Pérez y Soto; La Normal en el
internado rural para señoritas de Tamazulapa, Oaxaca. Después estudió la
Licenciatura en Pedagogía en el Colegio Benavente de la ciudad de Puebla;
Posteriormente realizo la maestría de Enseñanza Media Superior en Minatitlán;
Estudio también la Licenciatura en Derecho en Coatzacoalcos, y así se la ha
llevado entre cursos y diplomados, tantos que no alcanzan las paredes de su
casa para colgar los cuadros y pergaminos obtenidos.
De su trayectoria laboral sabemos que comenzó su primer año
de labores docentes en el cerro de San francisco, municipio de Atzalan,
Veracruz, precisamente en la Escuela Aquiles Serdán; el segundo año se acercó a nuestro municipio, en la
comunidad de Vistahermosa, escuela Veracruz; el tercer año paso en la Esc.
Francisco González Bocanegra de Oluta, cuando su Director fue el profesor
Eduardo Manzanilla Cámara, quien no solo le abrió las puertas de tal colegio
sino también las de su casa, pues prácticamente la incorporo al seno de su
familia integrada por la muy estimada profesora Deisy del Pilar Granados
Varguez y sus hijos; Pasó a la escuela Leona Vicario, Barrio del Tamarindo,
bajo la Dirección del Profesor José López Suriano; después llegó a la Escuela
Capitán Hilario C. Gutiérrez; se Incorporó más tarde al plantel de la Escuela
Hilario C. Salas, hasta que permutó con la Profesora Rosario Córdoba (la mamá
de Guayito Orozco) para irse a la escuela 20 de Noviembre en Cosoleacaque, Ver;
pasó también por San Pedro Martir, buscando esas cuestiones de promoverse en la
carrera magisterial… hasta que ¡por fin! llegó ¡ufff! a la Escuela 18 de
Octubre de 1863.
Nos tomaba la lección
Siguiendo el orden de lista
y obligaba con la vista
a seguir con atención.
Eres la dulce canción
de la edad que ya se fue;
hoy he venido otra vez
para darte la lección:
Pregúntame de a traición,
maestra del tercer grado,
que cuanto me has enseñado
lo llevo en el corazón.
Se acostumbra decir: “se dice fácil”, pero la verdad ni siquiera me ha sido fácil
escribir tantos nombres y por supuesto que omito fechas y algunos datos porque
nadamas de garabatear todo esto ya me canse… sin haber dado clases tantos años.
Por eso fue que en una ceremonia impresionante, emotiva,
conmovedora, plagada de discursos, bailables, poemas, flores, abrazos, besos y
lágrimas, le cantaron a tan querida maestra María Elena Baruch Fonseca con
profunda emoción algo más que las “Las Golondrinas”; para después llevársela a
comer a “Las Cabañas” por Chinameca y les dieron las dieron las ocho, las
nueve, las doce , la una, las dos y las tres y, parece, que todavía andan
celebrando.
Quiero decirte, comadre,
que me siento feliz de que puedas disfrutar con bastante carácter y
energía aun, de los logros que construiste con mucho pero mucho esfuerzo a lo
largo de los años. Conozco muy buena parte de tu vida difícil de infancia y de
adolescencia, de tus tropiezos y de tus caídas, de las zancadillas y de los
empujones que de muchas gentes has recibido, por muchas parte y en bastantes
actividades que has desempeñado, sobre todo en los terrenos de la política. No
hay mayor placer que caminar como tú lo haces ahora con la frente levantada por
la satisfacción que el que nos da un trabajo bien hecho. Lo tuyo es la
educación, el estudio, el aprendizaje. Estoy contento por tu jubilación. Vas a
pasártela muy bien, pues ya eres dueña de tu propio tiempo. Ayer todavía flotabas
en el nirvana sin digerir toda la cantidad de saludos que te brindaron en todos
los espacios por donde anduviste…y por las redes sociales. Te puedo decir que
todo eso es lo que te mereces, porque te lo has ganado por tantos años de vivir
presente y pendiente no solo de tu capacitación personal, para ser mejor todos
los días, sino también porque conservas tu espíritu de clase, vives pendiente
de cualquier acontecimiento, me consta tu presencia y tu prestancia cuando la
circunstancia o la necesidad toca a la puerta de cualquiera; siempre andas tu
presta, pronta y expedita para ofrecer tu mano, tus hombro y tu corazón en los
momentos que más se requiere. Es tiempo de que pienses en ti, para ti y
disfrutes de todo lo que te has ganado, conste que no hablo nadamas de dinero
sino de que coseches eso que generosamente has sembrado en tu trayectoria
valiosa de vida; es momento de relajarse, porque todo lo que pudiste hacer por
los demás lo realizaste con creces.
¡Muchas felicidades!
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