Informe Rojo
Por Mussio Cárdenas Arellano
Miércoles, 11 de diciembre de 2013
De la mano de Rodolfo Azuara Sánchez, su voz, su ejecutor en
Coatzacoalcos, la empresa hotelera Holiday Inn desacata a un juez federal,
ignora a un tribunal colegiado, se resiste a acciones de la autoridad, reta a
policías, lanza amenazas de muerte y provoca una espectacular batalla campal.
Beligerante, Holiday Inn se niega a ceñirse a la ley.
Tiene descompuesto un juicio de amparo que lo obliga, por
ahora, a devolver el terreno en que se construye el hotel de cinco estrellas, a
todo lujo, sobre el malecón costero y con un trozo de playa, en cuyo trasfondo
se perciben los intereses, la figura, los negocios y la ambición del ex
gobernador de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán.
Agitado le amaneció el viernes 6 a la empresa hotelera. Esa
mañana, el Ministerio Público del Fuero Común ejecutó la restitución de la
posesión al dueño del predio, Joaquín González Menéndez, y generó una reacción
virulenta del “representante jurídico” de Holiday Inn, Rodolfo Azuara, que
culminó con una gresca fenomenal.
Tras cuatro intentos, reacia la agente tercera del MP, Karla
Marina León Perdomo, a cumplir la orden del juez Decimocuarto de Distrito,
Pedro Antonio Rodríguez Díaz, finalmente lo hizo y tácitamente dejó en suspenso
la construcción del fastuoso hotel.
Al filo de la 9 de la mañana, Karla Marina se apostó frente
a la entrada del inmueble. Dio instrucciones al personal ministerial e instruyó
a los elementos de Seguridad Pública a avanzar. Llegó hasta la cerca de
alambre, tras franquear maquinaria de la empresa constructora. Le fue negado el
acceso. Varios individuos rechazaban la orden judicial. La policía les advertía
que el problema no era con los albañiles sino con la hotelera, previamente notificada
del desalojo. Aún así, persistían a negar el paso.
Instantes después, la policía abrió la cerca. Tomó a los
cabecillas y a empujones los condujo al exterior. Del primer piso del hotel
eran arrojadas piedras sobre la policía, y la agente del MP tácitamente fue
atropellada por uno de los esbirros de Azuara Sánchez cuando era desalojado.
Así, poco a poco, fue cediendo la resistencia. Minutos
después, los albañiles, el personal de la constructora y los agitadores del
“representante jurídico” de Holiday Inn quedaban fuera del inmueble. La MP
recorrió las instalaciones y asentaba el cumplimiento a desalojo. Sólo faltaba
retirar la maquinaria y algunos implementos de trabajo. Se permitía el acceso
al personal en grupos de cuatro para retirar sus objetos personales.
Mientras, Rodolfo Azuara agitaba de nuevo. Insistía en
ingresar de nuevo. Fue cercado por la policía, llevado hacia el extremo de la
banqueta, esposado, subido a una patrulla y sacado del lugar. Con él se fueron
los elementos de Seguridad Pública, cuando aún no concluía la diligencia.
Minutos después, liberado por la policía “por instrucciones
superiores”, Rodolfo Azuara volvió. Reagrupó a su gente y allanó el predio.
Para entonces Seguridad Pública estaba ausente. La MP, Karla Marina León Perdomo,
le pedía que no entorpeciera la orden del juez federal. “Hágale como quiera”,
respondía el “representante jurídico” de Holiday Inn. La MP optó por retirarse
junto con su personal.
Azuara hablaba con altivez. Seco, cortante, majadero, retaba
a cualquiera. Todo el tiempo con el celular en la mano, reportando cuanto
ocurría, sabíase impune, trepado en la burbuja fidelista.
Sin la autoridad judicial a cargo, quedaba aquello
convertido en una arena de gladiadores. En los videos se observa a un grupo de
seguidores de los dueños del predio instando a Azuara a salir del terreno. Se
ve también a uno de los operadores del “representante jurídico” de Holiday Inn
alzar amenazante una pala.
Dominante en un principio, Rodolfo Azuara se vio apabullado
minutos después. Otro contingente lo enfrentó. Paulatinamente lo fueron
cercando. Unos portaban palas en las manos; otros, estacas. Recibía palazos en
las piernas, incapaz de esquivar el golpe; se le empujaba con una estaca en la
espalda. Caminaba a los tumbos. Rodaba por la arena y hasta un zapato perdió.
Hilacho de persona, despojo humano, provocaba lástima verlo
reducido a nada, el terror en la mirada, la piel transparente. En un momento,
fue acuerpado por un par de tipos que pidieron cesar la paliza, la humillación.
Disminuido, ya no se le escuchó decir “y háganle como
quieran”. Le hicieron como quisieron y lo echaron a punta de palazos y
estacazos.
Había ofrecido paga doble a los albañiles para repeler la
acción de la justicia, para ayudarlo a desacatar la orden del juez federal, y
lo único que obtuvo fue una felpa mayúscula.
Abordaría luego un taxi. Refieren las fuentes allegadas a
los dueños del predio que no paraba de usar su teléfono celular. Y que el
conductor del auto le escuchó decir que le enviaran gente, que “había que
matar”. Y que mencionó tres nombres: Joaquín González y Enrique Orta, ambos
propietarios del predio, y Alejandro Wong, ex regidor municipal.
Protegido de Fidel Herrera Beltrán, provocador de la gresca,
rebelde a la acción de la justicia, Rodolfo Azuara entonces se dijo víctima,
robado, lesionado y llevó su caso, ahora sí, al Ministerio Público, al que
desairó minutos antes.
De origen, el conflicto lo provocó Fidel Herrera, siendo
gobernador de Veracruz, cuando el 30 de octubre de 2009 vendió el predio, una
extensión de 2 hectáreas en 3 millones 2 mil 200 pesos. La operación la
concretaron Ranulfo Márquez Hernández y Manuel Barclay Galindo, titulares de la
Secretaría de Desarrollo Social y Medio Ambiente (SEDESMA) e INVIVIENDA,
respectivamente.
Quien sabe de eso, de entrada aprecia un fraude. Según
avalúos comerciales, en esa zona el metro cuadrado se cotiza en 4 mil pesos; o
sea, el valor del terreno es de 80 millones de pesos. El daño al erario es
imputable a Fidel Herrera. ¿Otro Reynoso Femat?
Peor todavía, que el terreno no era propiedad del gobierno
de Veracruz. Es parte de la extensión de 6 millones de metros cuadrados robados
a particulares y convertidos en reserva territorial. Como ya se ha determinado
en los tribunales, el gobierno de Veracruz no ha demostrado la propiedad. De
ahí que el predio sobre el que se construía el hotel Holiday Inn en
Coatzacoalcos, haya sido restituido a su dueño, Joaquín González Menéndez.
Vaya forma de atraer el turismo de la hotelera Holiday Inn.
Compra terreno con broncas y lo quiere limpiar violando la ley: desacata a un
juez federal, ignora al tribunal colegiado que ordenó darle entrada al amparo,
incurre en resistencia de particulares a la autoridad, recurre a la violencia,
lanza amenazas de muerte y se ve atrapado en un escándalo.
Y todo por comprarle un terreno chueco a Fidel.
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