CLAROSCUROS
La crónica de un adiós sin Fe...
José Luis Ortega Vidal
(1)
Habría sido atacado mortalmente entre las 6:30 y las 7:00 horas del lunes 17 de junio.
Su cadáver fue descubierto alrededor de las 9:00 horas.
Para las 10:30 horas la información circulaba ya -con amplitud- en las redes del poder político.
(2)
Fueron 40 puñaladas, se afirmó en la primera versión.
Hacia el medio día, una segunda historia -nuevamente en los círculos de poder- ubicaba en 43 el número de heridas.
A las 14:00 horas se difundía la inminente visita del Procurador de Justicia.
A
las 16:00 horas el fiscal de la entidad intentaba frenar el huracán de
especulaciones que un día más tarde volvería con mayor fuerza para
instalarse en forma definitiva.
(3)
A
manera de salida de emergencia, Amadeo Flores Espinoza apenas mencionó
que el robo era una línea de investigación; pero podría haber otras...
No hubo comunicado oficial sobre el número de huellas violentas en el cuerpo
El dato de las 40 ó 43 puñaladas viajaba como el viento: sin orden, sin una fuente que lo justificara, pero con mucha fuerza.
Y junto a esa versión se hallaban los pasajeros de la especulación y de la imaginación colectiva:
…que si fue pasional; que si la riqueza inexplicable; que si el antecedente de un secuestro dos años atrás; etcétera…
(4)
La maledicencia crecía.
Dio la impresión que sólo el temor era capaz de frenarla un poco…
Se
trataba del asesinato de un líder religioso; de un Pastor protestante;
al margen de la falta de información y de los chismes, la víctima fue un
trabajador de la Fe y el impacto permeaba en todos los estratos
sociales.
(5)
Desde los primeros minutos una versión empezó a cobrar cariz de análisis.
Más aún, fue tomando forma de sustento.
“Se trata de un hecho ligado inevitablemente con la política”, se dijo y se dice.
“Si no es el origen, por lo menos será la consecuencia”: se estableció en torno a la variable del poder.
(6)
Aparecieron el control de los daños y el montaje sobre la desgracia ajena para aprovechar la coyuntura.
El poder es el poder; ya sea entre Tirios o Troyanos.
(7)
La versión original que plantea un ataque de 5 puñaladas se ha ido desvaneciendo en el ámbito de la credibilidad;.
No
así en los datos oficiales. La fiscalía no suelta prenda; insiste en la
versión del robo y el ocultamiento sobre la cantidad exacta de las
heridas.
Y
al no ventilarse una versión de las autoridades, las versiones
periodísticas se han sumado a la especulación inicial de los círculos
del poder: la víctima sufrió más de 25 estocadas; se afirma en medios.
Renacen
las teorías sobre una motivación de los asesinos que no es precisamente
el robo; los temas de la pasión, la venganza y los sustantivos que les
rodean, circulan imparables entre la colectividad sedienta de
retorcimientos…
(8)
Y
en medio de este caos informativo se añaden ingredientes que lejos de
abonar al manejo profesional y ético del caso, contribuyen a su
enrarecimiento:
a) El
trato privilegiado de las autoridades a un testigo clave: la viuda que
reemplazará al Pastor Claudio Martínez en su labor eclesiástica dentro
de la Comunidad de Dios y su única acompañante el día que lo ultimaron
en su residencia de la colonia Petrolera de Coatzacoalcos.
b) La
atención política inoportuna ante un escenario, impertinente sí, pero
semejante a otros dramas que sólo han sufrido la ineficiencia y el
desdén oficiales. Por ejemplo los asesinatos de dos mujeres en la
colonia El Tesoro de la ciudad y puerto y el crimen de una tercera dama
–indigente ella- en un mercado local; crímenes ocurridos apenas una
semanas atrás, sin resolución y sin la atención institucional que generó
la muerte del Pastor.
c) La
mezcla inevitable de elementos de fe; de manipulación; de fanatismo
–seguidores del Pastor arengaron que resucitaría a las seis de la tarde
del mismo día que partió de la vida terrenal-; de política electoral; de
poder; de dinero; de desinformación; de especulaciones.
d) La
falta de respeto de todos los participantes en esta suerte de
circunstancial novela negra: triste, lamentable, dolorosa y
protagonizada por un hombre que murió a manos de uno o más asesinos y
ahora es víctima de una sociedad tan estupefacta como morbosa y egoísta.
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