Marcela Turati
|
|
|
Julio César, el normalista desollado en Iguala. Foto: Cortesía Album Familiar |
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Se
enteró del asesinato de su esposo, Julio César Mondragón Fontes, a
través de las redes sociales: lo reconoció por su playera roja y su
bufanda. Cuando acudió al Servicio Médico Forense de Chilpancingo un
doctor le dijo: “Tiene que ser fuerte para lo que va a ver, a su esposo
lo desollaron vivo”, y sin más se lo mostraron así, sin cara, sin ojos,
el cuerpo moreteado, junto a los cadáveres de dos de sus compañeros
normalistas, ellos asesinados con balas.
Estos días recibió dos cheques en su casa: uno por 5 mil,
el otro por 10 mil, cortesía del gobierno del estado de Guerrero. Para
Marisa Mendoza, la viuda de 24 años, ahora madre sola de una bebé de dos
meses, la revictimización no ha terminado…
“Me da miedo esta situación, temo por mi seguridad. Mi
hija se quedó sin padre. No quiero que se quede sin madre. Está muy
chiquita. Me necesita a mí como yo a ella. Solamente quiero proteger a
mi hija. No sé cómo esas personas (del gobierno) dieron con mis datos y
no sé qué otra persona los tenga”, dice, y se nota asustada.
La entrevista se realiza a oscuras, dentro de una
camioneta estacionada en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México.
Del exterior se colaban los gritos de los miles de manifestantes que el
pasado miércoles 22 exigían la aparición con vida de los 43 estudiantes
de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, desaparecidos el 26 de
septiembre en la ciudad de Iguala, Guerrero…
Fragmento del reportaje que se publica en la edición 1983 de la revista Proceso, actualmente en circulación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario