Verónica Espinosa
SAN LUIS POTOSÍ, S.L.P. (proceso.com.mx).- En el transcurso
de los últimos cuatro años, el exsubteniente del Ejército Filiberto
Hernández Martínez secuestró, violó y estranguló a por lo menos cinco
mujeres, cuatro de ellas niñas, cuyos cuerpos enterró en caminos
vecinales y en un cañaveral en el municipio de Tamuín, donde vivía
impartiendo clases de zumba y karate en un gimnasio.
El exmilitar fue capturado el viernes por agentes ministeriales del estado.
El procurador de Justicia, Miguel Ángel Covarrubias, lo señaló como
sospechoso del homicidio de dos mujeres –una de ellas una niña de 9
años–, cuyos cuerpos fueron desenterrados en la zona del cañaveral, en
un predio ubicado a la entrada de Tamuín conocido como La Puntilla,
sobre la carretera 80 en el tramo Ciudad Valles-Tampico.
Hoy se sabe que Filiberto Hernández confesó a las autoridades que
desde el 2010 cometió por lo menos cinco feminicidios, que inicialmente
fueron atribuidos a la delincuencia organizada.
De acuerdo con la investigación coordinada entre el Sistema Ámber y
la Procuraduría estatal, el hombre de 43 años había sido subteniente
especializado en aeronaves en el Colegio del Aire de la Secretaría de la
Defensa Nacional, actividad que desempeñó en Coahuila y Chihuahua.
Originario de la comunidad de Estación Velasco, en el municipio de
Ébano (colindante con Tamaulipas), el exmilitar se estableció en Tamuín,
donde en el 2010 abrió un gimnasio para convertirse en instructor de
zumba y karate.
Sin embargo, tras esta fachada se ocultaba un feminicida múltiple.
Según la confesión que proporcionó a la PGJ, Filiberto detectaba a
sus víctimas en los mismos rumbos donde se ubicaba su gimnasio; las
vigilaba y posteriormente las secuestraba.
Cuatro de sus víctimas eran menores: Adriana Martínez, de 13 años,
cuyo cuerpo fue encontrado en el 2011 sepultado en un camino comunal del
Ejido La Primavera, después de haber sido reportada como desaparecida
por su familia al no regresar de la escuela secundaria donde estudiaba.
Adriana fue raptada violentamente por Filiberto, quien confesó
haberla llevado a su casa, donde la violó y estranguló antes de arrojar
su cuerpo al camino del ejido.
En el cañaveral de La Puntilla, el exmilitar ocultó los cuerpos de
otras dos de sus víctimas: Enaí Chávez Rivera, de 32 años, con quien
sostuvo una relación sentimental, dijo el procurador Covarrubias.
La mujer había desaparecido el 6 de mayo pasado al salir de una maquiladora donde trabajaba.
El otro cuerpo pertenece a la menor Dulce Reyes, de 9 años, quien
desapareció el 11 de abril cuando caminaba rumbo al parque DIF, ubicado
en el camino del gimnasio donde Filiberto impartía sus clases.
“Las dos, al igual que la primera, fueron violadas y estranguladas
por el detenido, de acuerdo con su declaración ministerial”, se informó.
Las autoridades trabajan en la localización de los cuerpos de otras
dos víctimas de Filiberto, a las que asesinó en iguales circunstancias:
Rosa María Sánchez, reportada como desaparecida el 29 de octubre del
2010, e Itzel Castillo, de quien nada se sabía desde el 24 de enero del
2013.
Según el homicida confeso, enterró algunos de los cuerpos en la misma
zona del cañaveral donde el viernes al mediodía fueron hallados los
cuerpos de Enaí Rivera y Dulce Reyes, así como en otros puntos donde son
buscados ya por las autoridades.
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