Por: Javier Armenta Rodríguez
Es
increíble que en un Ayuntamiento donde exista un doble gobierno, halla fallas
en los sistemas de comunicación entre empleados y jefes. Tal es el caso de
Minatitlán, donde gobiernan dos personas, el Alcalde electo por sufragio y el
“presidente legítimo” por dedazo del cacique -perdón, del emperador Jorge Wade,
porque no le gustan que le digan cacique-; José Luis Sáenz Soto y Saúl Wade
León, respectivamente.
Lo
anterior se palpó la noche de este miércoles, cuando un grupo de comerciantes
liderados por una dirigente del callejón Fernández del
Centro de la ciudad y 40 personas más, quisieron agredir al Director de
Comercio, Raúl Ramírez López, porque el corrupto personaje no les autorizó
instalar la “Feria del Amor”, donde se ofertarían diversos artículos para
celebrar el Día de los Enamorados.
Gracias
a que llamó a la Policía Naval, logró librarla y salir ileso de tal situación;
eso enardeció a la multitud y se movieron hasta la explanada del Palacio
Municipal, allí no los atendió nadie, porque no estaba el Tesorero Municipal
–quien llega después de mediodía a trabajar y se retira pasando la media noche-
y por ende sus “ayudantes” salieron temprano.
De esa
situación, ni los flamantes integrantes del Pequeño CISEN municipal, asesorados
por el periodista oficialista del ayuntamiento, Andrés Rodríguez Cabrera
(Dirección de Gobernación), se dieron por enterados, provocando la ira de los
comerciantes porque no fueron atendidos por personal que integran la “nueva
ingeniería administrativa” del gobierno municipal.
Este
jueves, esos comerciantes que buscan el pan nuestro de cada día, se iban a
reunir en un domicilio del Playón Sur, para acordar las acciones a seguir y
exigir a unos de los achichincles del Tesorero Municipal que les den la
oportunidad de poner sus changarros y ofrecer sus productos.
Ese
primer relajo ciudadano, porque el movimiento de campesinos fue orquestado por
el mismo gobierno municipal para presionar a la Secretaria de Obras Públicas,
deja ver las fallas que existen en la “ingeniería administrativa” del gobierno
de Sáenz Soto y de Wade León, donde los directores y coordinadores hacen lo que
quieren sin informar a sus superiores.
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