Una información que ha causado revuelo poco a poco pero con firmeza,
desde que apareció el pasado fin de semana en el blog Expediente del
periodista Luis Velázquez Rivera -nacido en Cantarranas, municipio de
Paso de Ovejas-, y que ha sido retomado por el diario Imagen y de allí
se ha extendido “como reguero de pólvora” –frase clásica utilizada por
los viejos periodistas para decir que causaba conmoción cuando
estallaba-, es la versión sobre el asalto que habría sufrido hace unos
días la lujosa mansión donde actualmente vive la “vocera próspera”,
María Georgina Domínguez Colío (a) “Gina Domínguez” en la exclusiva zona
residencial La Pitaya, municipio de Coatepec –qué lejos del cuartito en
el que se refugió cuando llegó a Xalapa, prácticamente huyendo de
Quintana Roo, hace más de 20 años-, y que todas las evidencias señalan
que se trató de un“calambre” ordenado por “alguien” para exhibir el
grado de excesos en que ha caído la señora al amparo del poder. El
periodista Velázquez Rivera, quien ha trabajado y colaborado en los
diarios porteños El Dictamen, Imagen, Notiver, el semanario Entre Líneas
–de efímera duración durante la campaña del candidato a Gobernador
Agustín Acosta Lagunes- y ha sido corresponsal de la revista Proceso y
el diario capitalino La Jornada, además de catedrático de la Facultad de
Ciencias y Técnicas de la Comunicación y autor de por lo menos cuatro
libros, todos publicados con éxito, narra con su especial estilo que,
como dato insólito de ese hecho, ocurrido hace unos días “en tres
minutos el operativo fue ejecutado por unos ladrones disfrazados de
policías, y/o en todo caso (que da lo mismo) elementos policiacos
disfrazados de ladrones”, y afirma que, según sus fuentes los ladrones
robaron una unidad distribuidora de refrescos de cola con el objetivo de
entrar al fraccionamiento “La Pitaya” y tumbar los postes de energía
eléctrica para bloquear las cámaras de filmación. Entonces, de inmediato
entraron dos Hummer a “La Pitaya”. Una, se fue derechito contra una
pared de la mansión de la vocera y la tumbó. Y cuando la entrada estaba
abierta, de la otra Hummer descendieron un número importante de
elementos y entraron a la casa, derecho, derechito a la caja fuerte, de
donde, afirman, se habrían llevado más de 50 millones de pesos en
efectivo y en joyas”. El periodista veracruzano, alguna vez seminarista
–vocación que inicialmente le atrajo, aunque la cambió por el ruido de
los viejos linotipos y las máquinas de escribir mecánicas de los
talleres y redacciones periodísticas-, dice que los ladrones también se
llevaron una caja fuerte que contenía “documentos comprometedores tanto
para la vida institucional del sexenio próspero como de los dueños y
trabajadores de la prensa escrita, hablada y digital”. Y remata que “el
modo en el que ocurrió el robo deja ver el “profesionalismo” de quienes
lo ejecutaron, quienes seguramente sabían dónde estaba resguardada la
caja fuerte”. Y las versiones crecen, y crecen, y crecen, y cuando el
río suena, es porque agua lleva…
Una información que ha causado revuelo poco a poco pero con firmeza,
desde que apareció el pasado fin de semana en el blog Expediente del
periodista Luis Velázquez Rivera -nacido en Cantarranas, municipio de
Paso de Ovejas-, y que ha sido retomado por el diario Imagen y de allí
se ha extendido “como reguero de pólvora” –frase clásica utilizada por
los viejos periodistas para decir que causaba conmoción cuando
estallaba-, es la versión sobre el asalto que habría sufrido hace unos
días la lujosa mansión donde actualmente vive la “vocera próspera”,
María Georgina Domínguez Colío (a) “Gina Domínguez” en la exclusiva zona
residencial La Pitaya, municipio de Coatepec –qué lejos del cuartito en
el que se refugió cuando llegó a Xalapa, prácticamente huyendo de
Quintana Roo, hace más de 20 años-, y que todas las evidencias señalan
que se trató de un“calambre” ordenado por “alguien” para exhibir el
grado de excesos en que ha caído la señora al amparo del poder. El
periodista Velázquez Rivera, quien ha trabajado y colaborado en los
diarios porteños El Dictamen, Imagen, Notiver, el semanario Entre Líneas
–de efímera duración durante la campaña del candidato a Gobernador
Agustín Acosta Lagunes- y ha sido corresponsal de la revista Proceso y
el diario capitalino La Jornada, además de catedrático de la Facultad de
Ciencias y Técnicas de la Comunicación y autor de por lo menos cuatro
libros, todos publicados con éxito, narra con su especial estilo que,
como dato insólito de ese hecho, ocurrido hace unos días “en tres
minutos el operativo fue ejecutado por unos ladrones disfrazados de
policías, y/o en todo caso (que da lo mismo) elementos policiacos
disfrazados de ladrones”, y afirma que, según sus fuentes los ladrones
robaron una unidad distribuidora de refrescos de cola con el objetivo de
entrar al fraccionamiento “La Pitaya” y tumbar los postes de energía
eléctrica para bloquear las cámaras de filmación. Entonces, de inmediato
entraron dos Hummer a “La Pitaya”. Una, se fue derechito contra una
pared de la mansión de la vocera y la tumbó. Y cuando la entrada estaba
abierta, de la otra Hummer descendieron un número importante de
elementos y entraron a la casa, derecho, derechito a la caja fuerte, de
donde, afirman, se habrían llevado más de 50 millones de pesos en
efectivo y en joyas”. El periodista veracruzano, alguna vez seminarista
–vocación que inicialmente le atrajo, aunque la cambió por el ruido de
los viejos linotipos y las máquinas de escribir mecánicas de los
talleres y redacciones periodísticas-, dice que los ladrones también se
llevaron una caja fuerte que contenía “documentos comprometedores tanto
para la vida institucional del sexenio próspero como de los dueños y
trabajadores de la prensa escrita, hablada y digital”. Y remata que “el
modo en el que ocurrió el robo deja ver el “profesionalismo” de quienes
lo ejecutaron, quienes seguramente sabían dónde estaba resguardada la
caja fuerte”. Y las versiones crecen, y crecen, y crecen, y cuando el
río suena, es porque agua lleva…
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