martes, 29 de marzo de 2011

Réquiem: María Sarabia Naranjo.

María Sarabia Naranjo (QEPD) (Foto Tomada de Diario de Acayucan/La voz de la gente).



Columna: Déjame que te cuente…


Por Sergio M. Trejo González



El crespón de luto, colocado en esta columna, obedece a que hace apenas dos pares de días salió publicada en este medio informativo un ensayo, en el estilo personal de mi vena, donde se aborda el tema de los tamales con una pequeña semblanza de este alimento y de los personajes que de una u otra manera han comercializado esa muestra gastronómica en el devenir de nuestros tiempos. Comentaba que generalmente resulta preparado con masa de maíz tierno o sazón, cocida normalmente al vapor, envuelto en hojas de la mazorca o de la misma planta de maíz o de plátano; decía también que pueden llevar un ingrediente, el cual puede contener carne, vegetales, chile, frutas, salsa, etcétera, y que además pueden tener sabor dulce o salado. Sintetizaba que en Acayucan se mantiene la tradición de ofrecer tamales durante los velorios, lo cual resulta una forma de celebración respetuosa en la consternación por la pérdida de un ser querido.

En fin que estas páginas se cubrieron de letras sobre hojas de tamal, derramando mis quimeras y nostalgias sobre muchos sitios, donde se han venido expendiendo tamalitos, hasta llegar a la mención del nombre de nuestra amiga María Saravia Naranjo, originaria de San Blas, Atempa, Oaxaca, avecindada en el barrio “La Palma”, con domicilio en Belisario Domínguez número 1302. Estimada y agradable canastera que con su variedad tamalística, y la respectiva salsa se instalaba en las primeras oscuranas del día, por ahí entre la ferretería MEGYS y el Súper Extra, en el atrio de acceso a los aposentos de mi amigo el licenciado Ricardo Fonrouge Ledesma.

Deseaba a mi manera significar la trayectoria de trabajo de personas como doña María, que entregadas a su quehacer cotidianamente luchan para sacar adelante una familia… Un modesto homenaje, en vida, a la ciudadana ejemplar que hoy fue llamada para buscar entre las praderas y milpas del Gran Manitú, los granos que le permitan elaborar sus tamales en ofrenda para el Todopoderoso.

Murió doña María Saravia Naranjo, a la edad de 68 años, víctima de un padecimiento que la disminuía físicamente, aunque nunca la vi lamentar su enfermedad. Mujer estoica que se sobreponía a su enfermedad para acudir de vez en cuando a su labor…. Me resulta difícil escribir sobre alguien que durante mucho tiempo observe sonreír y atender a todos con la mayor cordialidad. Tan difícil imaginarla en un féretro descansando ya, liberada de ese cuerpo que la mantenía en un tratamiento doloroso… Doña María regresa a su hogar de donde alguna vez el Señor la mandó para sacar adelante a Edgar, Joeli, Lesly, Marlet, y Alejandra, con su compañero el señor Joel López, personas a quienes llego con el corazón en la mano para hacerles patente mi más sentido pésame en tal angustia y tristeza… polvo somos.

Doña María ha cumplido su misión en esta tierra y se retira para esperarnos en el huerto de nuestro Dios bueno, desde donde continuará trazando con sus manos las bendiciones celestes para sus hijos y sus nietos, que ahora lloran su ausencia porque resultará imposible olvidarla… estas heridas no se curan; quizás el bálsamo de la oración mitigue levemente el dolor tan fuerte que significa perder a un ser querido… No existen palabras. No se escuchan. Todo resulta inútil para estas tribulaciones…dale señor el descanso eterno.

Hoy, doña Mary ha muerto…hágase Señor tu voluntad.

Descanse en paz.

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