domingo, 6 de mayo de 2012

Periodistas, especie en peligro de extinción.




Por Sergio M. Trejo González.

Hace algunos años leíamos del maestro, don Ángel Leodegario Gutiérrez Castellanos, algunas lecciones sobre la dignidad con que se debía conducir un comunicador. El señor licenciado “Yayo”, aun cuando conocía los recovecos del poder, fue también víctima de las acometidas de la represión y de la intolerancia. Su compañera, doña Yolanda, habrá de recordar la persecución canina y bárbara que le dedicaron las huestes poderosas de quienes salían lastimados con su opinión valiente. Tiempos de don Patricio Chirinos y esa mala compañía.
Desde años antiguos las relaciones entre el poder y la prensa han sido tortuosas, perversas, y manoseadas. Así el periodismo resultante se ha caracterizado por una ausencia de espíritu crítico, por un pobre análisis de fondo y por estar dirigido al gobierno o líderes de opinión y sólo de manera muy ocasional a la sociedad civil en su conjunto. Las cosas, para los periodistas, han cambiado un poco pero son las mismas. No es una contradicción si apelamos a las perogrulladas y a los sofismas… todo es según el color del cristal con que se mira.
Pero bien, el señor Gutiérrez significaba muchas veces que una cosa es vender la fuerza de trabajo y otra muy diferente resultaba vender la conciencia. Ángel Leodegario “Yayo” Gutiérrez Castellanos, propietario y director del diario Política y de El Diario del Sur, ejerció constantemente la denuncia periodística que irritaba e incomodaba. Yayo se sostuvo siempre, sin consentir las presiones del poder cuando el poder era enérgico, prepotente y absoluto. Dictaba sus lecciones con ejemplos de valor inteligente, cediendo sin perder la dignidad. No despedía a quien le demostraba juicio y lealtad. Nunca le cerró la puerta a quien lo único que buscaba era que se le escuchara. Lo recuerdo muy bien ahí en sus oficinas de palacio de Gobierno y las de la calle Revolución, en la capital del estado, donde siempre me recibió amablemente:  ”Lo que tú quieras decir, Sergio, tienes las páginas del periódico…” Te brindaba su opinión y el consejo y te concedía espacio para expresarte. Dejaba pues que la válvula se aflojara, previa reflexión, para que no explotaras. Coraje y mesura para que no te rompieran el hocico. Así era y así lo conocí, en sus caviles interminables que plasmaba en sus columnas y formaba sabiamente a esos monstruos del periodismo veracruzano como Pepe Valencia, Gustavo Cadena Mathey, Arturo Reyes Isidoro, Gustavo González Godina, a Salvador Muñoz y vio pasar a gente como Regina Martínez -una especie de “última de las mohicanas” en el periodismo jarocho-, dijera otro catedrático del periodismo, don José Luis Ortega Vidal, quien por algún fenómeno mimético, me parece adquirió (tal vez por ocupar algunos espacios del señor Gutiérrez) reflejos de la cultura y el profesionalismo de este señorón. Debieran las sentencias de don Yayo ser doctrina para quienes detentan el cuarto poder en la actualidad.
Ayer contemplaba en uno de tantos sitios de campaña, una tropa de periodistas preocupados por las miserias del chayote que se repartía. Eso no es grave. Lo delicado es la forma en que se colocan esa mordaza quienes ya no podrán cumplir cabalmente con la función de informar objetivamente. Ya no podemos confiar en la orientación cívica de quienes comprometidos propagan el discurso barato como “propuestas integrales de campaña” de los candidatos suspirantes a las diversas representaciones que están siendo sorteadas, para la gran rifa del próximo primero de julio.
Algo más peligroso aun: la falta de indignación y solidaridad de los periodistas en estos tiempos de grave amenaza a la integridad física. Pareciera que lo único importante en nuestra sociedad es la presencia de las candidatas y los candidatos, que con su carita de “yo no fui”, cautivan a un electorado lelo.
En fin, mi rollo es que, precisamente, dentro de 30 días estarán de fiesta los periodistas del país, cuando todavía no se borran las manchas de sangre de los periodistas veracruzanos asesinados a últimas horas. El próximo 7 de junio estaremos brindando por la LIBERTAD DE EXPRESION. En tal contexto resulta menester analizar brevemente la condición en que los medios van refiriendo el desarrollo de las campañas políticas de los diversos candidatos, aspirantes a ser votados el próximo día primero de julio. La obligación del periodista no es conseguir solamente convenios de difusión de boletines y mensajes, sino ser la voz de quienes no pueden decir nada. Es buscar la verdad que cuando se calla o la acallan o la censuran o la autocensuran o la maquillan. Eso es todo, menos verdad. Una verdad viciada es primordialmente una ficción, un cuento, una mentira.
Ser periodista significa algo más que publicar hojas de prensa, para cumplir compromisos económicos. Cierto que puede cualquiera pagar para significar en las páginas de los periódicos su desarrollo social o la perorata insustancial que se lleva y trae por barrios y colonias, en claro proselitismo político. Pero eso no tiene nada que ver con la opinión que se recoge entre los patios y en los mercados o en el café o en el parque.
La única independencia que contemplo a un mes del día de la libertad de Prensa es que todavía puedo reunirme con mis amigos para discernir la manera de difundir por los corredores y las banquetas el  verdadero sentimiento de nuestros vecinos respecto a la manera como se manejan las campañas, sin propuesta alguna, tan solo para cumplir la escenografía de un Estado democrático. Creo sinceramente que los periodistas deben evitar sus filiaciones o preferencias partidistas o hacerlas menos evidentes, que el interés fundamental sea cada uno de los mexicanos y no los partidos políticos. De lo contrario, los diarios seguirán teniendo menos lectores, las formas más estúpidas de la televisión triunfarán, los programas radiofónicos más enajenantes dominarán y de esta manera los medios no serán una gran aportación al cambio democrático que desea una sociedad. Y, lo más importante: en tanto no se acabe la censura y quede una razonable e inteligente libertad de crítica a los personajes públicos y a las situaciones que lo ameritan, no podremos avanzar como sociedad.
Afortunadamente podemos en el  papel de poeta o de loco, continuar en la ilusión de arañarte con mis letras la conciencia…”hasta sangrar tu indiferencia que te ahoga, en la boñiga donde quieren mantenerte; no es cosa de mala suerte que tu familia no pueda asistir a las escuelas oficiales donde no ya no caben porque el presupuesto se invierte en compra de votos. No te quejes entonces cuando contemples a tus hijos buscar, con un título profesional en la mano, un trabajo temporal y mal pagado, en la impotencia de que nació marcado para servir de suela. No te golpees el pecho si después, sufres el improperio de la indiferencia. No des la espalda que es más terrible en el ser pobre no en si la carencia, sino buscar a quien tú crees que está contigo y no encontrar a nadie”.

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