viernes, 30 de septiembre de 2011

La Colonia Istmeña en Acayucan



Columna: Déjame que te cuente…

Por Sergio M. Trejo González

De alguna manera me entero que el sábado 1 de octubre, a partir de las ocho de la mañana, tendrá lugar en cierta palapa, ubicada en la colonia “Revolución”, ese lugar urbanizado entre las luchas de Iquera, doña Chepa Guzmán de Campos y Rafael Pavón, entre la frondosidad de árboles de mango criollo en ese camino antiguo de Ixmegallo, zapotes domingo y mameyes, en grave peligro de extinción; ahí, frente a la iglesia de San Pedro, tendrá lugar, el ritual que los miembros del circulo oaxaqueño denominan “ Labrada de Cera” que no es otra cosa más que un ancestral protocolo de elaboración de velas, que marca el inicio de alguna festividad realizada por esas personas conocidas en nuestra región como los tecos. Dicho esto sinceramente como expresión afectiva, como un gentilicio digno, lejano y ajeno de cualquier intención desdeñosa. Nada que ver esto con las historias de lucha o conquista donde tehuanos y juchitecos intervinieron. Los tecos y las tecas, es la manera coloquial con que he venido escuchando, desde hace más de cincuenta años, que se refieren a toda esa tribu proveniente del istmo oaxaqueño. Desde toda mi vida he sabido que a los nativos de lugares como Juchitán, Matías Romero, Santo Domingo, Chivela, Tehuantepec y Chicapa de Castro, todos los etcéteras que abarquen esa franja geográfica, y a los descendientes se les llama popularmente tecos y tecas. Mis respetos para toda esa raza, mi reconocimiento a su capacidad de adaptación, inteligencia y trabajo, y mi contumaz e irredenta admiración a la belleza de sus mujeres… nada más hermoso que contemplarlas con un canasto de pescado seco, cuando no ataviadas con sus coloridos trajes bordados y sus valiosas joyas platicando en su dialecto. No las hagan enojar por favor… A propósito voy a preguntar bien qué es eso del “Ahogador”. Así creo que le llaman a esa medalla, gargantilla o cadena donde se engarzan monedas de oro. Voy a indagar si lo de “ahogador” es porque, con tamaño mollejón, si alguna persona cae en algún arroyuelo seguro que se va a fondo; aunque también entiendo que así se le dicen al collar trenzado de los filamentos de oro que semeja las cuerdas entrelazadas de una soga. Es decir no está compuesta por los eslabones tradicionales de las cadenas sino es un enramado. Lo del peso de tal pieza, depende en realidad de los centenarios que se le adhieren. El caso es que tal alhaja viene siendo a veces un relicario en cuyo interior se debe portar una imagen religiosa.
Ah! los tecos, tuve grandes amigos en la infancia. Algunos han sido mis compadres, y mis comadres, otros casi mis hermanos y otras ¡que barbaridad! no se imaginan lo encariñado que estoy con ellas, de sus palanganas y sus vestuarios tan coloridos; desde que les compraba ciruelas curtidas en el parque o me vendían crema, en el mercado, sin olvidar a las paisanas que satisfacen mi apetito con sus tamales y el champurrado. Las tlayudas, otro alimento, aquí no circula mucho pero las he comido en la capital de Oaxaca, con tasajo, chorizo y mole. Las conozco bien, a las paisanas, y las recuerdo mejor vendiendo sus quesos, su camarón y el totopo. Como las envidio cuando las escucho carcajear así, gorditas y simpáticas, despreocupadas por la dieta, chambeadoras. Les gusta ganar dinero y les encanta la chela. Tengo aquí, todavía, la imagen de algunas espinaleñas y las de Unión Hidalgo… un recuerdo para ellas de gloria y un laurel para ti, de victoria.
Bueno, el asunto es que el 1 de octubre también tendrá efecto la tradicional coronación de la Reina durante la tarde del sábado, a partir de las 14 horas, en el señalado lugar, con fastuoso baile con los grupos “Otro Rollo” y “Santa Cecilia” que estarán con todo para amenizar la coronación alguna joven, Bibanee, heredera de toda esa tradición que guarda celosamente la familia Roldán Silva, aquella estirpe que llegó a nuestra tierra procedente de un filón istmeño; pero bien, el caso es que nuestro amigo Marco Antonio y su esposa, tienen la responsabilidad de la organización correspondiente en esto de la festividad de San Diego de Alcalá, el santo patrono de los integrantes del círculo oaxaqueño. Pues se sabe que este hermoso hábito de la calenda, las mañanitas, las misas, el baile, con todo lo que encierra el asunto de las Mayordomías, las cofradías, el capitán y capitana, sus rituales en cuanto a la custodia de “El Baúl”, las velas, las flores, la regada de frutas, y el lavado de olla, viene significándose y escenificándose desde 1951. Pues cuentan que estaba por cumplirse un año de haberse construido e inaugurado nuestro flamante Palacio Municipal, y que por deseos del Presidente de la República, Miguel Alemán Valdés, según decía don Rubén D. Domínguez y el presidente de entonces, don Tomás Mortera Miravete, se fueron organizando algunos grupos de vecinos de origen oaxaqueño, otros tabasqueños y chiapanecos, con el propósito de instaurar una cadena de celebraciones alrededor der la fiesta de nuestro Santo patrono, San Martin Obispo. No me la crean pero pregunte usted a Santiago Andrade o los familiares de Don José Teruí, Ricardo López Orozco, Joel Mijangos, Vicente Betanzos, Delfina Cartas o a Guillermo Domínguez, quienes guardan seguramente los datos de esa Gran Noche Oaxaqueña que significó, un día 13 de noviembre, el inicio de esta costumbre donde la hermandad Zapoteca tiene su fiesta. Todavía se encuentran entre nosotros los parientes de quienes dieron vida a un Círculo Social, Cívico y Cultural Oaxaqueño en nuestra ciudad, que en un principio encabezaron el doctor Gabriel Armenta, Felipe Mora, Eleazar García y Cipriano Barragán, entre otros.
Debo confesar que aunque vivo enterado de la parafernalia que los paisanos realizan en sus festividades pocas veces he presenciado eso del labrado de velas con los rituales que giran alrededor de esa actividad, aunque comprendo que se trata de un ritual consagrado a la elaboración de las velas donde los asistentes tienen que meter la mano en la fabricación, para que dichas velas sean producto de un esfuerzo colectivo; entiendo que luego se llevan a bendecir tales velas, para utilizarse precisamente en las veladas y en los paseos, pues Simbólicamente las velas representan un culto a la luz y deben prenderse en cada hogar para que encuentren el rumbo los descarriados, halle puerto el navegante, y la salud los enfermos, las almas del purgatorio gozosas vayan al cielo; encendiéndolas en casos de enfermedad o fallecimiento, siguiendo la concepción dualista de la vida y la muerte que nuestros antepasados prehispánicos cultivaban.
Repito que, poco he presenciado esa labrada de velas, registrando el dato mientras saboreo las muestras gastronómicas de estas gentes, que son mis amigas y amigos desde que fui chamaco; por eso deseo llegar este próximo sábado muy de mañanita para observar de cerquitita lo referente a preparación de los pabilos y el calentamiento de la cera que habrá de convertirse en velas, previo enfriamiento en agua helada y la sacada con paños limpios. El ciclo festivo de San Diego ya comienza. Es una expresión de religiosidad popular y por ello no reside en la iglesia solamente, sino en el hogar de una familia. Entendámoslo así, la fiesta de San Diego es una expresión de abundancia, donde estallan cohetes y se paladea cuando menos un atole y las deliciosas enchiladas y tacos de carne con puré de papa. Mientras que San Diego se alimenta con la abundancia de flores y agua y con la fe que sus devotos guardamos respetuosamente. Voy entonces el sábado a la pachanga y regreso a platicarles, porque sinceramente creo que la principal función de la mayordomía ha sido cohesionar la estructura familiar y social de esta comunidad, porque en los festejos interviene toda la familia compuesta de abuelos, padres, hijos, nietos, tíos, sobrinos, comadres y compadres, además de los nativos y avecindados en la zona. Quienes logran así preservar un clima de fraternidad y alianza que refuerza la identidad de este ancestral pueblo zapoteca.

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